Hay meses que quedan grabados en el corazón, y febrero es, sin duda, uno de ellos para nuestra Congregación. Al mirar el calendario, no solo vemos el paso de los días, sino que contemplamos una historia de amor, entrega y fidelidad creativa que comenzó hace ya mucho tiempo. Este mes nos invita a detenernos, a …

Este de 2026, es un febrero especial

Hay meses que quedan grabados en el corazón, y febrero es, sin duda, uno de ellos para nuestra Congregación. Al mirar el calendario, no solo vemos el paso de los días, sino que contemplamos una historia de amor, entrega y fidelidad creativa que comenzó hace ya mucho tiempo. Este mes nos invita a detenernos, a dar gracias y a celebrar la alegría de ser parte de esta gran familia.

Un viaje que comenzó hace 130 años

El 14 de febrero celebraremos un hito histórico: el 130 aniversario de nuestra Congregación. Fue en 1896, en la ciudad de Astorga, donde nuestra Madre Teresa Rodón Asencio, junto a sus primeras compañeras, dio vida a este proyecto nacido de una inspiración de la Virgen, nuestra Madre del Buen Consejo.

Desde aquel humilde comienzo en la calle San Martín, hemos caminado como «mujeres alcanzadas y cogidas por Dios y vueltas al mundo». Han sido 130 años de «conquistar corazones para el Cielo», trabajando incansablemente por la salvación de las almas, especialmente de aquellas más rechazadas y olvidadas por la sociedad. Lo celebraremos solemnemente en la Santa Apostólica Iglesia Catedral de Astorga el día 14.

Este de 2026, es un febrero especial

El nacimiento de un corazón audaz

El 26 de febrero nos uniremos para celebrar el 163 aniversario del nacimiento de nuestra fundadora, Madre Teresa Rodón (Enriqueta en su bautismo). Al recordar su nacimiento en 1863, celebramos su fe audaz y su capacidad de «emprender nuevos caminos al servicio de la Iglesia» sin miedo. Ella nos enseñó que el secreto de nuestra vida es «revestirnos del espíritu de Jesucristo, que es todo caridad». Su legado no es solo una página en un libro, es una «música que alegra los oídos» y que hoy sigue impulsando nuestros pasos.

Una misión que compartimos con alegría

Pero este aniversario no es solo para las religiosas. Hoy, más que nunca, celebramos que el carisma de Madre Teresa no tiene fronteras. Queridos laicos, que compartís con nosotras la misión en colegios, residencias y obras sociales: vosotros sois miembros de pleno derecho de esta familia.

Vuestra presencia es un Kairós del Espíritu, una fuente de renovación que nos ayuda a descubrir lo esencial de nuestra vida. Gracias por vuestra entrega, por vuestro compromiso con la caridad y por ser «memoria viva» del carisma en medio de nuestro mundo. Juntos, religiosas y laicos, formamos una sola familia carismática que busca ser «signo de fraternidad» y esperanza.

Gratitud por el hoy y esperanza para el mañana

En medio de nuestra realidad presente —a veces marcada por la fragilidad o el cansancio—, este febrero nos regala la oportunidad de volver al «amor primero» y como nos dice San Francisco: “comencemos hermanos que hasta ahora poco o nada hemos hecho”.

Nos sentimos profundamente agradecidas porque Dios «ha tenido a bien contar con nuestro poco» para seguir haciéndose presente en el mundo.

Nuestra oración para este tiempo especial sigue siendo nuestro lema capitular: “Señor, concédenos hacer lo que sabemos que quieres”. Y, bajo la guía maternal de Nuestra Madre del Buen Consejo, quien siempre nos susurra: “Haced lo que él os diga”, renovamos nuestro deseo de vivir unánimes, con un solo corazón en Dios.

¡Feliz febrero para todos! ¡Agradezcamos juntos el don de nuestra vocación y la alegría de caminar unidos!

Paz y Bien.