Conmemoración de los 800 años de la Pascua de San Francisco de Asís Celebramos este año el octavo centenario del tránsito de nuestro padre San Francisco.  Los últimos días de San Francisco Los últimos días de la vida de san Francisco están cargados de gestos y palabras, que manifiestan la hondura con la que quiso …

Francisco: el Evangelio vivido hasta el final

Conmemoración de los 800 años de la Pascua de San Francisco de Asís

Celebramos este año el octavo centenario del tránsito de nuestro padre San Francisco. 

Los últimos días de San Francisco

Francisco: el Evangelio vivido hasta el final

Los últimos días de la vida de san Francisco están cargados de gestos y palabras, que manifiestan la hondura con la que quiso vivir aquellos momentos. Nos encontramos con relatos repletos de significado, densos de contenido: Francisco sabe que no le quedan muchos días de vida, le es precioso el poco tiempo que le queda y quiere aprovecharlos.  

Sabe muy bien lo que quiere hacer: alabar y bendecir a Dios, escribir un Testamento, añadir la estrofa de la hermana muerte al Cántico de las criaturas, despedirse y bendecir a la ciudad de Asís, despedirse y consolar a santa Clara y a sus hermanas, despedirse de la señora Jacoba y comer por última vez sus dulces, despedirse y bendecir a sus hermanos.

Desea morir en la pequeña iglesita de la Porciúncula; quiere que le dejen desnudo en la tierra desnuda durante el tiempo que se tarda en caminar una milla. Desea, sobre todo, que se le lea el santo evangelio, para recordar los últimos días de la vida de Jesucristo y unir su muerte a la de Jesucristo: morir con Cristo, para vivir con Cristo.

Hermana muerte

Francisco: el Evangelio vivido hasta el final

En su muerte Francisco vuelve a tener presente todo lo que en su vida ha sido importante, como si fuera el momento de recogerlo todo en su corazón. Los relatos de los biógrafos traslucen paz, a pesar de lo angustioso del momento y de que Francisco tiene que apoyarse también en el Sal 141: “A voz en grito clamo al Señor, expongo ante él mi angustia…” Sólo habiendo tomado en serio el drama de la muerte y después de haber buscado la luz y la fuerza en el Señor, Francisco puede en verdad llamarla “hermana muerte corporal”, y darle la bienvenida (cf. 2Cel 217).

Francisco muere rodeado de hermanos, tal como había vivido. Una vida lograda se manifiesta en una vida arropado por hermanos. Sabemos que en los últimos años las relaciones con los hermanos no han sido fáciles. Fray Elías le pide a Francisco que perdone a los hermanos y los bendiga. Francisco responde: “Hijo mío, Dios me llama. A mis hermanos… les perdono todas las ofensas y culpas… bendícelos a todos en mi nombre” (1Cel 109). Si en el comienzo su conversión estuvo marcada por la misericordia y el don de los hermanos, también el momento de su muerte lo es de misericordia y de acoger a los hermanos. 

El sentido último y profundo

Francisco: el Evangelio vivido hasta el final

El sentido último y más profundo con el que Francisco quiere vivir su muerte es la participación en la muerte de Jesucristo: él quiere celebrar en su muerte la muerte de Cristo. Con estos gestos de tomar el pan, bendecirlo, partirlo y repartirlo y de hacerse leer el evangelio de san Juan, confiere a su muerte un significado de profunda comunión con Cristo: “Cumplidos en él todos los misterios de Cristo”. 

Si Francisco llama “hermana” a la muerte, no es porque, ignorando su carácter terrible, la idealice falsamente, sino porque la une inseparablemente a la muerte redentora de Cristo y por eso la acoge y vive dentro del misterio de salvación. Está profundamente convencido de que sólo hay que temer la segunda muerte, la muerte que aleja eternamente del Dios de la vida.  En esta perspectiva, el Cántico de las criaturas, incluida la estrofa de la muerte, es un canto eminentemente pascual; un canto que celebra a la creación porque está destinada a ser recapitulada en Cristo: los nuevos cielos y la nueva tierra.