Las hermanas mayores y dependientes de nuestra casa de Aravaca cultivan sus capacidades y disfrutan del encuentro a través de actividades creativas, juegos y sesiones de terapia ocupacional y fisioterapia.
Las tardes en nuestra casa de hermanas mayores de Aravaca, en Madrid, son una oportunidad para crear, compartir y mantenerse activas. Cada día, después de la merienda, las hermanas participan en actividades de pintura, manualidades o juegos de mesa, según sus gustos y capacidades. Es un tiempo para ejercitar la mente y las manos, disfrutar de lo que les gusta y cultivar la vida en común.
El cuidado a través de diversas actividades
Hay quienes encuentran en la pintura una manera de expresarse a través del color; otras prefieren las manualidades, que invitan a trabajar con las manos y a poner atención en cada detalle. Los juegos de mesa, por su parte, permiten ejercitar la memoria y la concentración mientras se comparte un rato de encuentro. Cada actividad tiene su valor y cada hermana encuentra su manera de participar.

A lo largo de la semana, estos momentos se complementan con el acompañamiento de profesionales. Los martes y los viernes, las hermanas trabajan con el terapeuta ocupacional, con actividades orientadas a conservar sus capacidades y favorecer la autonomía en la vida cotidiana, y ralentizar lo más posible la pérdida de memoria. Los lunes y los miércoles tienen sesión con la fisioterapeuta, un tiempo dedicado a cuidar la movilidad y mantenerse en movimiento, respetando las posibilidades y el ritmo de cada una.
Así, el cuidado se hace presente en muchos pequeños gestos: ejercitar las manos, prestar atención a una partida, realizar un movimiento o dar forma a un trabajo propio. También en la oportunidad de estar juntas, conversar y compartir lo que cada una puede aportar.

En Aravaca, mantenerse activas forma parte del cuidado diario y de la vida en comunidad. Con propuestas diversas y una atención cercana, seguimos procurando que cada hermana encuentre espacios para participar, disfrutar y continuar desarrollando sus capacidades. Porque en todas las etapas de la vida hay lugar para la creatividad, el encuentro y la alegría de hacer algo juntas.
Cuidar el cuerpo y mantenerlo activo, dentro de las posibilidades de cada hermana, también ayuda a cultivar la vida espiritual. El movimiento y las actividades compartidas favorecen el bienestar y la disposición para la oración, la escucha y el encuentro con los demás. Cuerpo y espíritu forman parte de una misma vida que cuidamos con cariño, reconociendo que, también en la quietud y en la fragilidad, sigue habiendo espacio para una fe profunda y una relación viva con Dios.







