En la Residencia de San Miguel Arcángel estamos viviendo una primavera especialmente bonita. Esta resultando repleta de celebraciones, tradiciones y momentos para compartir. Hemos dado la bienvenida a esta estación con ilusión, alegría y mucha participación por parte de nuestros residentes. En nuestra tierra es tradición celebrar el lunes posterior a la Semana Santa, conocido …
En la Residencia de San Miguel Arcángel estamos viviendo una primavera especialmente bonita. Esta resultando repleta de celebraciones, tradiciones y momentos para compartir. Hemos dado la bienvenida a esta estación con ilusión, alegría y mucha participación por parte de nuestros residentes.

En nuestra tierra es tradición celebrar el lunes posterior a la Semana Santa, conocido como el Lunes de Aguas. En este día tan señalado, pueblos y capitales de nuestra provincia y de las provincias limítrofes se llenan de familias y amigos que se reúnen en el campo para disfrutar juntos de una merienda muy especial. Tortilla de patata, hornazo, limonada, rosquillas… son algunos de los sabores que acompañan esta jornada tan querida.

Y, como no podía ser de otra manera, en nuestra Residencia quisimos mantener viva esta costumbre. Disfrutamos de una deliciosa merienda con rosquillas, refrescos y tortilla de patata casera, mientras compartíamos risas, bailes y buenos momentos todos juntos. Fue una tarde entrañable, llena de tradición, cercanía y cariño, que nuestros mayores vivieron con gran entusiasmo.
Feria de Abril

Además, este mes de abril, también hemos querido hacer un guiño a otra tradición muy especial que, aunque no es propia de nuestra comunidad, siempre nos hace pasar ratos inolvidables: la Feria de Abril. Para ello, transformamos la Residencia con una decoración muy especial, elaborada en gran parte mediante manualidades realizadas por nuestros residentes. Balcones andaluces, flores y objetos típicos de la feria llenaron nuestros espacios de color y alegría, evocando el ambiente tan característico de esta fiesta.

El momento cumbre de nuestra Feria llegó el 21 de abril. Mientras en Sevilla se preparaban para el encendido de luces, al día siguiente nosotros celebrábamos nuestra propia feria por todo lo alto. Mantones decorados con lunares para las señoras, pañuelos al cuello para los caballeros, flores en el pelo para todos… y, por supuesto, muchas sevillanas y flamenco que llenaron la Residencia de ritmo y buen humor. Todo ello acompañado, como siempre, de ricos aperitivos y bebidas para completar la celebración.
Fue una tarde maravillosa y muy divertida, en la que sacamos nuestro lado más flamenco y disfrutamos juntos de la música, el baile y la convivencia. Momentos así nos recuerdan lo importante que es seguir celebrando, compartiendo y creando recuerdos que llenan de vida y alegría el día a día de nuestra Residencia.
Mayo: un mes para agradecer y celebrar
Con el corazón lleno tras tantas vivencias, comenzamos mayo con la ilusión renovada. Después de todas las celebraciones vividas durante el mes de abril, en la Residencia de San Miguel Arcángel damos la bienvenida a un mes muy especial. Mayo, un tiempo que siempre llega cargado de emoción, ternura y significado. Mayo comienza con una fecha profundamente señalada para todos: el Día de la Madre. Este mes, dedicado a las madres, nos invita a mirar con gratitud a todas las mujeres que han sido guía, apoyo y amor incondicional. El Día de la Madre es una fecha especialmente emotiva en nuestra Residencia. Cada año, celebramos con gran cariño a todas las mujeres que han dedicado su vida a cuidar, educar y acompañar a sus familias. Muchas de nuestras residentes son madres, y desde aquí las felicitamos con admiración y ternura, reconociendo su entrega, su fortaleza y el amor inmenso que han regalado a lo largo de los años. En este día tan señalado, la Residencia se llena de flores, sonrisas y recuerdos compartidos, creando un ambiente de gratitud y celebración que nos une aún más como familia.
Nuestra Madre del Buen Consejo
En nuestra Residencia, esta celebración adquiere un matiz aún más entrañable. Aquí siempre nos sentimos cuidados y protegidos por nuestra Madre del Buen Consejo, fundadora de la Congregación de las Hermanas Franciscanas. Ella es, para todos nosotros, un faro de serenidad y ternura, una presencia que acompaña, guía y sostiene. A nuestra Madre del Buen Consejo le dedicamos unas palabras llenas de cariño:

Gracias por tu mirada que nunca abandona, por tu consejo que ilumina, por tu amor que abraza incluso en silencio. Gracias por ser refugio, inspiración y compañía constante. En cada gesto de cuidado, en cada sonrisa compartida, sentimos tu presencia maternal que nos anima a vivir con esperanza y alegría.
Que este mes siga trayendo luz, unión y momentos que nos recuerden que, cuando se vive en comunidad y con cariño, cada día puede convertirse en una celebración.







